Ella es P., no necesita un nombre completo y tú no necesitas saber nada más. Ponerle un nombre no es necesario, un nombre no va a decirnos nada de ella, los nombres no definen a las personas, a las personas las definen sus acciones y, por supuesto, un nombre no es una acción. Que se llame de esta o de aquella otra manera no nos va a dar pistas sobre si es una buena persona, si es impulsiva o si, por el contrario, medita cada carta que la vida le pone sobre la mesa. Y da igual si es rubia o pelirroja, o si tiene esas medidas perfectas de 90-60-90, o si sus ojos son de un profundo azul cielo o de un intenso verde oliva; las arrugas que se forman en su cara cuando sonríe nos dirían mucho más de ella que todas esas cosas, o cómo levanta la ceja izquierda cuando no está conforme con alguna situación, hasta la manera de entrelazar y desenlazar los dedos de sus manos cuando tiene que hablar delante de un público demasiado grande.
Es una chica cualquiera. Su concepción de un pijama es una camiseta de tamaño extra grande y unas bragas cualesquiera, dependiendo de la compañía. Por supuesto no puedes llevar el mismo tipo de ropa interior cuando duermes sola o acompañada, pero aún así es una chica cómoda. Siempre tiene un cigarro en la boca, y alguna palabrota también. Bebé café por las mañanas y un vaso de leche caliente por las noches, entre horas algún refresco bajo en calorías y tiene una curiosa adicción a las chucherías de fresa ácida. Ácida, como a veces lo es ella. Pero, ácida o no, es ella misma y su incesante empeño en conocerse, en saber quién es; y da igual si nació una fría noche de enero o una calurosa tarde de julio porque a ella lo de los signos del zodiaco le importa tan poco como quién gana la liga de waterpolo; no quiere dejarse guiar por esos absurdos prejuicios: sería demasiado fácil determinarse por lo que digan un puñado de adjetivos escogidos al azar, pero tiene una crisis de identidad, como toda persona tiene en algún momento de su vida.
P. sabe que es una chica normal y que si algún día llega a hacer algo grande no será porque esté escrito en las estrellas o porque una fuerza superior la empuje a ello. Quiere dejar huella en la historia y sabe que eso no depende nada más que de ella misma, pero antes de empezar su camino tiene que conocerse. Quizás, el día que consiga definirse, podrá ponerle el resto de letras a su nombre o quizás siga opinando que ese nombre seguirá siendo innecesario; si P(...) significara todo lo que ella es, podría dar por terminada toda la historia, pero como no es así, para nosotros seguirá siendo P.