Todo tiene un final. Todo. ¿Sabes cómo se llama? Obsolescencia programada. ¿Y de qué trata? De que las cosas se programan con un limitado tiempo de vida. Este concepto se aplica a las máquinas pero Él lo ha sufrido en sus propias tuercas: FIN DE LA RELACIÓN.
¿Qué ha pasado? Que ya no eran lo que necesitaban; ha sido una ruptura rápida e indolora (todo lo indolora que puede ser una ruptura, claro), sin lágrimas, algo tan frío como ellos dos. Pero cuando se pasa la última página de un libro tienes la oportunidad de leer entre un centenar de nuevas historias aunque, de momento, Él va a dejar pasar el tiempo (hace mucho que no disfruta de la tranquila soledad) hasta buscar algo nuevo. Pero no puede evitar preguntarse si esa sociedad del consumo a la que está anclado tiene algo que ver con el ir y venir de las personas en la vida de uno. Desde que nacemos nos acostumbramos a que si algo se rompe se tira y se compra algo nuevo y seguramente mejorado; nunca piensas en tirar a la basura a una persona, al menos no de manera literal, pero cuando las cosas no funcionan como tú quieres, cuando están rotas, tiras por la borda lo que habías logrado hasta ese momento y reemprendes camino. Si sus padres le hubiesen acostumbrado desde pequeño a tratar mejor las cosas, a ponerle celo al Madelman cuando se le salió el brazo, de no tirar los portátiles cuando empezaban a ir lentos o no desechar los bolígrafos cuando aun le quedaban unos días de vida... Si le hubiesen inculcado todo eso, a lo mejor no sería tan exigente con sus relaciones con respecto a lo que exige de la otra parte (hay que decir en su favor que lo da todo). Quizás si a todos nos enseñasen a tejer la constancia no habría tantos divorcios, rupturas y "olvídame para siempre".
Y su abuelo no ayuda mucho diciéndole que lo bueno de las relaciones es enamorarse.
¿Y lo bueno de esta ruptura? Que el nuevo libro será una joven fumadora, adicta al café y a las chucherías de manzana ácida ¿Os acordáis de ella? Espero que sí porque suenan campanas de boda.
(Sé que es un regreso flojo, pero espera a leer la siguiente entrada. Prometo publicarla la semana que viene. Pero entiéndeme, acabará la historia ¿Y qué haré yo sin P?)