Estaba en el colegio cuando me lo contaron, era pequeña y no recuerdo muy bien toda la historia. pero era algo así como que dos personas se encontraban y una se empezaba a reír de la otra porque tenía el corazón lleno de remiendos, de trozos desiguales y de cicatrices mientras que la que se reía tenía un corazón perfecto sin ninguna cicatriz. El que tenía el corazón hecho un cuadro le decía al otro que sentía lástima de él, porque todos esos trozos desiguales eran partes de otros corazones que le había dado gente con la que se había querido a cambio de trozos del suyo. No recuerdo bien si acababan intercambiándose algún trozo para que el que se reía empezase a amar o algo así.
Entonces él abrió el pecho de la chica de par en par y se quedó asombrado ante lo que guardaba dentro.
¿Y esto?
La mayoría de los trozos que faltan los entregué por voluntad propia sin recibir otro a cambio como el tipo de la historia, ya sabes, amigos que no lo eran de verdad en la mayoría de los casos o amores que fueron un fracaso; de esas relaciones, algunas simplemente provocaron un destrozo tan grande que hubo trozos que se cayeron después de partirse y un caso muy concreto que pulverizó literalmente más de la mitad del total que me quedaba, que para entonces no era demasiado. El último pedazo que aún resistía se fue marchitando mientras iba creciendo y conocía las decepciones del mundo que uno conoce cuando se hace mayor y deja de mirar con ojos de niño. Ahora sólo me queda este suspiro que he guardado durante mucho tiempo tras unos muros impenetrables hasta que has llegado tú y he comprendido que... bueno, que no tengo mucho que perder y tienes pinta de ser una de esas personas que son de fiar; igual luego resultas ser tan decepcionante como todos los demás, pero de momento no me das esa sensación y llevo mucho tiempo con esto cerrado por reparación sin que nada realmente se repare, así que da igual, era el momento de airear los armarios.
Entonces él se abrió el pecho, robó el suspiro que ella guardaba, se arrancó su propio corazón (que ya tenía alguna irregularidad) y cambió ambos de sitio.
Te lo doy. Entero. A cambio me quedo con tu trocito, aquí dentro va a crecer, dejará de ser un suspiro y se convertirá en un huracán que te dejará sin respiración con cada latido.
¿Sabes que esto no va a ser fácil, verdad?
Lo sé. Pero aquí hemos venido a jugar.