¿Por dónde empezar a cambiar una vida entera?
Echó la vista atrás y empezó a darse cuenta de que, a sus veinte años, tenía que hacer un cambio radical. Algo en su vida se había roto, de eso no cabe la menor duda, de ahí los cambios, de ahí la necesidad de encontrar una constante segura en el mar del desconcierto. P. había llegado a la conclusión de que había vivido sólo la mitad de su vida, la otra mitad se había convertido en poco más que una prueba de supervivencia. Sobrevivir al agotamiento de una familia en continua discordia, al agobio de un examen tras otro que no aportarían nada a su vida (los conocimientos y la inteligencia no se plasman en una prueba de hora y media), a los enfrentamientos con las personas que se han ido cruzando en su vida... al huracán de la adolescencia. Y lo que le quedaba de no-vida: acabar esa carrera, ponerse a trabajar cuando terminase, salir de su rutina alguna vez al año, jubilarse, vivir de una manera mediocre los años de vida que le restasen (que con tanto alquitrán en los pulmones serían más bien pocos) y finalmente acabar en una caja de madera y clavos sin haber aportado nada al mundo.
Siente que le han vendido una mentira. La vida prometía demasiadas cosas como para acabar en ese agujero de infelicidad y sinsabor.
Pero ese camino no iba a continuar. No iba a seguir sobreviviendo al tiempo que le habían dado. En ese arrebato de frustración, de cabreo con su situación, todo tenía que girar, cambiar para bien. Su bien.
Y el comienzo era su habitación. Allí se pasaba gran parte de su tiempo: estudiando, dibujando, haciendo el amor, escuchando música, pensando. Era su templo, su refugio, su verdadero hogar; y de un tiempo a esta parte se sentía inconformista con las paredes que se supone que debían protegerla. Todos los posters de sus quince años de cantantes y películas encontrarían mejor sitio entre raspas de pescado y pieles de plátano que en aquel cubículo.
¿Pero qué hacer con esas paredes ahora en blanco? Tendrían que decir mucho de ella y no era tan sencilla como un solo color. Su vida últimamente tenía un regusto a gris azulado, sí, la pared donde se apoyaba su cama sería de ese color, el inicio y el final de los días caía siempre entre el mismo edredón que acunaba los sueños del mismo color que su realidad (los sueños deberían ser en blanco y negro, lo había pensado desde siempre). La pared de la puerta sería negra: el negro para P. era perfección, pureza, paz, la paz que sólo podía encontrar en su habitación; con una frase que enmarcaría el punto de inicio del cambio "VIVE COMO SI FUERAS A MORIR MAÑANA". Cada vez que saliera a la vida la enfrentaría con esas palabras como bandera y cada vez que se pusiera a estudiar lo haría sabiendo que quizás aquellos conocimientos serían los últimos que tendría que memorizar, cada canción que inundase su mente podría ser la última y cada orgasmo entre las sábanas podría ser el último. Así cada experiencia la viviría con intensidad para dejar de sobrevivir y empezar a vivir.
La pared de la ventana verde. Aquel color le decía muchas cosas: no le hablaba de esperanza ni de vida. Era un color que olía a ganas, a querer dejar de estar parada, a salir al mundo y gritar "yo estoy aquí y estoy viviendo".
¿Y esa última pared? La única que no tenía muebles o puertas que la tapasen. Esa pared tenía un destino claro. Los atardeceres tenían un efecto contradictorio en P., conseguían hacerla llorar con una facilidad pasmosa sin ningún tipo de razón; todo lo que podía decir de ellos era sobre su perfección y esa gama cromática tan cálida que se difuminaba en el cielo con la muerte del sol. Pero los atardeceres eran un cambio diario, eran el paso de la luz a la oscuridad, a la calma de la penumbra... y ella vivía en un eterno atardecer.
Y así, con la habitación remodelada, todo parecía un poquito mejor, un poquito más fácil. Había conseguido plasmar su alma a base de colores. Los colores a los que olía su ser. Y ahora, tumbada en la cama, no puede evitar preguntarse a qué color olería Él.
He sido capaz de transportarme a la habitación de P. y ver como los colores... Simplemente Genial!!
ResponderEliminarMe alegra saber que he conseguido mi propósito, Anónimo. Gracias por comentar!
EliminarMe apasiona tu forma de contar las cosas
ResponderEliminar... provocas que se sientan y visualicen las cosas
me encanta, casi todos hemos tenido una habitación como la de P
ResponderEliminar¿Qué la había pasado a P. para ser así de triste con sus 20 años?
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