(Sé que prometí un verano sin P, sin mí; pero sé que ella no me perdonaría pasar el cinco de agosto sin contar su peculiar historia)
Cada persona que pasa por tu vida deja algo, te aporta una experiencia y, aunque a veces parezca poca cosa, incluso al no dejarte nada te legan el saber de que hay gente en la que no merece la pena gastar ni dos milésimas de segundo. Como una muñeca de trapo, así se ve ella: cada parte de su ser es un retazo que le han cosido las experiencias con esas personas, es un conjunto de todo eso que le han dado por el camino. Pero aquel chico del año pasado aportó un gran trozo de lo que se siente actualmente.
Por su vida han pasado varios amores, unos más importantes, otros más insignificantes y otros fugaces. Pero él (Ocaso, así le denominó su mente) había sido un amor de verano: breve pero intenso.¿Y cómo había sido aquella historia? Tan breve que se podría medir entre suspiros, tan intensa que P sabe que le salvó la vida de todas las maneras posibles.
En un viaje a un pequeño pueblo norteño con sus padres el verano pasado, una de las habituales discusiones la hizo aplicar el poco sutil protocolo de huida de coger una bicicleta y pedalear hasta que no le quedase aire en el pulmón. Encontró un camino de tierra junto a la carretera del cual desconocía el final, pero eso daba igual en aquel momento, mientras pudiese huir y esconderse, cualquier rincón era válido. Tiró la bicicleta entre unos matorrales y se acercó al borde del acantilado para gritarle a pleno pulmón al mar; gritaba por la frustración del constante ambiente de tensión, de haber llevado un año vacía, de que sólo la tristeza podía tener sitio en su interior. Rota, se dejó caer sobre el suelo de piedra y de pronto reparó, por el rabillo del ojo, en su presencia. Cualquier persona la habría mirado como lo que parecía: una loca, o habría salido corriendo o la habría llamado la atención por escandalosa, pero él no. Él se limitó a esbozar una sonrisa y a decirle aquella frase que nunca olvidará: "tranquila, en este acantilado cabemos dos". Una sonrisa y un puñado de palabras habían conseguido mitigar su ira, habían conseguido cortar la tensión, llenar su vacío y disipar la tristeza. Compartieron un par de cigarros mientras veían cómo el sol incendiaba el horizonte; ese atardecer será con el que casi un año después ha decorado su habitación. Ocaso le explicó que ella vivía en ese eterno atardecer, que la vida era algo más que un tiempo que debía pasar sin más, algo tan importante como para no dejarlo vacío y lleno de tristeza a la vez. Después de aquella conversación empezó ese juego, un contrato de miradas que pedía un beso para ambas partes. Y soñar, las noches de verano se hicieron para soñar.
Es curioso como, sin quererlo, alguien se cruza en tu vida y lo pone todo del revés. La manera en la que Ocaso le remendó los descosidos a P y llenó su interior de calidez. Por supuesto, no podría haberle llamado de otra manera, estar a su lado era tan reconfortante como aquel atardecer y sus besos eran como la caricia de un rayo de sol que no quema.
Y tras una noche juntos cosiéndose a besos, olvidando que la vida seguía más allá de aquel horizonte, con la maltrecha bicicleta de testigo, llegó el amanecer del cinco de agosto. ¿Cómo puede cambiar tanto el cariz de los acontecimientos en tan poco tiempo? Cuando el sol ya había salido, ambos decidieron que era el momento de volver a la realidad. Él tenía que volver a su ciudad y ella a las discusiones familiares. ¿Alguna vez has sentido que la tierra tiembla cuando besas a esa persona? Esta vez la tierra tembló de verdad y el suelo se deshizo bajo sus pies. Ocaso fue rápido y tiró de ella mientras el trozo de acantilado que había bajo sus pies se precipitaba con las rocas del mar. Otra vez la había salvado del abismo. Pero la magia de ese amor estaba en esas horas, alargarlo sería un error y ambos lo sabían; de modo que cada uno tomó su camino. El de él nunca sabrá dónde llevaría, pero el de ella conducía al cambio de una vida, al principio de su nueva historia y a pintar su habitación de atardeces.
si, el ocaso siempre es breve pero intenso........
ResponderEliminarMaca, escribes genial y la historia es muy bonita.
ResponderEliminarDe un anónimo sexyy!!! Ti aspeto presto per qui!!
¡Qué bonito! Ese amor siempre lo recordará con amor. Lo que pudo ser y no fue, mejor.
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