Cuando te paras a pensar en cómo será esa "media naranja" que tienes perdida por algún rincón del mundo, primero planteas un físico, es algo inevitable: unos ojos de tal color un pelo de tal longitud, una talla de sujetador mayor o menor, una complexión fuerte; luego se cuela en tu mente el espinoso tema de la personalidad: y prefieres alguien fácil de manejar o alguien que te sepa llevar a ti, que hagan reír, que sean serios, que sean alocadas o que más bien no hablen demasiado. Luego pides que el sexo sea increíble, que cada orgasmo sea mejor que el anterior... Incluso, llegas a pensar en personas que se adapten a tus gustos sin querer que sea tu compañero o compañera de camino. Y entonces te tropiezas una y otra vez con besos vacíos, amores duraderos y romances efímeros (son los menos los que aciertan al primer beso), con quien te puede dar más o menos y te hacen saber que no son quien andabas buscando.
Y hay quien ni se plantea ese tipo de cuestiones, como Él. Tiene su pareja estable y ambos son lo que en este momento quieren en su vida. No es la primera y, por supuesto, no será la última.
¿Recordáis que P no podía ser descrita? Él si que podría serlo y tengo el convencimiento de que si me parase a preguntarle, querría ser descrito con la mayor precisión, sin pérdida de detalle; porque Él no comulga con la abstracción ni con el hecho de que la imaginación llene los vacíos que deja la falta de información en el tiempo. Él es metódico, de esos que necesitan ver para creer, tocar para sentir. Aun así escribe poesía, no sabe por qué, pero de vez en cuando lo hace y, con un poco de suerte, acompaña lo que garabatea con unos cuantos acordes de guitarra. Lo de los versos es culpa de su abuelo, quien intentó con todas sus fuerzas hacer de su nieto un romántico; y durante unos años lo consiguió, pero la filosofía y las matemáticas (esas cosas que torturan y matan el alma artística) aparecieron en la vida del chico para llevarle en un tren que iba demasiado rápido a la madurez, sin darle oportunidad a pensar que en algún momento de su vida podría acabar corriendo con un ramo de flores por la calle para gritar a los cuatro vientos su amor por alguien. También toca el piano, cuando está solo, cuando esta triste, cuando no quiere pensar, cuando todo parece no encajar. Y luego cierra con fuerza la tapa, condenando a las teclas a una espera de que ese centímetro que guarda de su abuelo vuelva para poder cantar de nuevo.
No es un tipo extraño, pese a lo que la primera impresión pueda dar (no hay que fiarse de las primeras impresiones, suelen ser de lo menos acertadas)... Bueno, según lo que cada uno considere extraño o normal. Pero Él no sobresale de la media: juega al fútbol con sus amigos los domingos, sale con sus compañeros de universidad, se emborracha de vez en cuando, vive en una familia estructurada y un poco numerosa, le gusta la pizza y tiene una novia aceptable.
Es de esos chicos que pasan inadvertidos, silenciosas presencias que se cruzan cada día por tu camino mientras vas a comprar el pan, ese tipo de miradas perdidas que no terminan de cruzarse contigo, pero que, de pronto, un día sonríen y no sabes como salir de ese torbellino que se ha creado en tu interior.
Esto es sólo una carta de presentación. No penséis que será aburrido; podéis pensar que nuestra chica y Él no tienen nada en común (no diré lo contrario), que no aportará nada a todo esto que llevamos andado desde hace unos meses... Pero en este blogg no se cuela cualquiera y P no habría elegido a alguien que no tuviese un alma elegante y arrebatadora (aunque aun no se conozcan).
No parece que pueda ser la pareja de P. También cabe la posibilidad de que P. sea físicamente una chica normal, y lo que la caracterice sea su interior tan melancólico.
ResponderEliminar