lunes, 11 de noviembre de 2013

La correspondencia de la cafetería

Querida desconocida:


Imagina por un instante que todos fuésemos valientes. 
Imagina que de pronto me levanto con mi mochila al hombro y mi café en mano y decido compartirlo, que no me voy con estos andares despreocupados a Dios sabe dónde. Imagina que a lo mejor eres para mí "esa persona", que hablamos de tonterías, de lo que te ha traído aquí y de lo que vamos a hacer cuando este capítulo termine. Quizás dejase de verte como esa desconocida que toma un café escuchando música en esta cafetería y empezase a pensar en ti como en la chica con la que me tomé unas cervezas después de clase. A lo mejor mi osadía se convierte en un beso robado y, si me pongo optimista, en uno correspondido. Y nos da por convertirnos en esa persona con la que vimos el amanecer en aquel lugar aquella noche después de unas cuantas copas por el centro. 
¿Querrías ver el amanecer el resto de tu vida conmigo?
Es que me imagino tu pelo esparcido por mi almohada y tu piel arropada por mis sábanas y me muero un poco. 
Me muero del todo si es mi propia piel la que te rodea. 
No voy a mentirte, quiero probarte, quiero saber si sabes a manzana, como yo creo, o quizás eres más ácida. Quiero robarte cualquier tristeza que puedas sentir en cada beso que yo te pueda dar; aún no te he visto sonreír porque no he podido provocarlo, pero algo me dice que tus comisuras levantadas tienen la capacidad de provocar un huracán.
No sé cómo decirlo, pero incluso en esa soledad, en esa seriedad en la que lees y anotas entre trago y trago de café, eres resplandeciente. 
Y todo eso sería mío, tú serías mía, si fuese valiente y me sentase contigo. 

2 comentarios:

  1. Sin palabras me dejas.... Como siempre.

    Cuanto echaba de menos leerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La verdad es que comentarios así son los que a mí me dan ganas de escribir más y más.

      Gracias por leerme.

      Eliminar