miércoles, 29 de octubre de 2014

Días de cielo azul.

Me gustan mucho los días de cielo azul. ¿Es que hay otro tipo de cielos? Sí. Hay días en los que está gris, a veces tan negro, atardeceres naranjas, reflejos verdes... Pero cuando está azul, totalmente azul, es cuando de verdad es mi cielo. Y sin embargo yo le dije que era mi nube; miré esos ojos marrones brillantes y eso dije "Tú eres mi nube". Y los dos supimos que nunca más podría decirle algo tan hermoso como aquello, que podría escribirle cientos de poemas, dedicarle millones de canciones, pero nunca nada como eso. Y yo no entendía muy bien por qué lo dije. Ella sí que lo entendió. Ella me entendía incluso cuando yo no podía. Me entendía. Me amaba. Me hacía ser yo mismo. Ella lo era todo. Ella está muerta. 
No es un drama. Lo fue en su momento, lo tengo que reconocer. Pero la mañana en que por fin lo superé entendí dos cosas de manera simultánea: que 'nunca más' es mucho tiempo para no volver a ver a alguien y que todo el tiempo que duró nuestra relación me había preparado para poder vivir sin ella. No literalmente. Pero me enseñó a ser fuerte cuando estuvimos juntos, me enseñó a poder con todo, a aceptar el hundimiento para poder emerger después, a asumir el fracaso aceptando que "el fracaso sólo es una manera de no hacer las cosas" -decía. No decía muchas cosas más, nosotros éramos más de actuar. Sabíamos solucionar los problemas y discutíamos como cualquier pareja y eso nos hizo más fuertes porque sabíamos discutir. Creo que la gente hoy en día ya no sabe hacer eso, la gente se grita, se echa toda la mierda encima y las parejas lo solucionan con un revolcón. Nosotros no. Y quien nos conocía no entendía que tuviésemos esa facilidad para existir en la misma vida; sin demasiados intereses en común, sin demasiadas palabras. Digamos que nos iban más los gestos y los detalles. Ella tan de letras y yo tan de ciencias, que diría mi sobrina. Y así era. Y así ordenamos el caos, supongo. 
Sí, ella era una artista. No digo pintora aunque era su fuerte, digo artista porque todo lo que hacía o tocaba se convertía en arte, desde su manera de hacerme el amor hasta dar de comer a los peces. Tocaba la guitarra en su banqueta del  estudio junto a la ventana cuando estaba triste, pero también lo hacía cuando estaba alegre (que era casi siempre). Cantaba cuando quitaba el polvo de sus libros y bailaba mientras cocinaba; antes de comer siempre colocaba la comida de manera que pareciese una escultura efímera, decía que no entendía a la gente que predicaba aquello de "no se juega con la comida" porque a todo hay que darle el mayor número de funciones para que nunca sea aburrida la rutina. 
Murió en un accidente de tren. Muy irónico. Yo trabajo en el servicio ferroviario. Siempre me han gustado los trenes desde que tengo uso de memoria y puedo hacer desde un diseño hasta reparar una locomotora pasando por la conducción. Al principio me culpé minuto tras minuto de su muerte: ella estaba en aquella estación por mi culpa, porque yo le pedí que fuera a entregar los planos en los que estábamos trabajando. Luego entendí que si hubiese ido yo, ella habría estado en mi situación y, sinceramente, a veces no sé si es mejor perder o estar perdido. 
Una noche hablábamos de mi trabajo, de su trabajo y entrelazamos nuestros mundos, como solía pasarnos cuando nos sentábamos en el suelo de la cocina con una botella de vino. Hay mucha gente queriendo cambiar su vida y nosotros les daríamos la oportunidad. Esa misma madrugada empezamos a diseñar una estación de trenes especial. La idea era un intercambiador de cinco vías convergentes en una misma plataforma giratoria, la gente que quiere cambiar su vida compra un billete sin saber el destino y nosotros le destinábamos a otro lugar. Sólo podrían traer una maleta pequeña con algo de ropa y algo de dinero para empezar. Cinco vías, diez posibles destinos y un único billete de ida. No sé cómo (bueno, sí, sí que lo sé) pero nuestro proyecto salió adelante (y si fue así es porque ella estaba en el plan) y desde que salió el primer tren no ha habido ni una sola reclamación. Las personas sólo necesitan una oportunidad para empezar de nuevo. También lo decía ella.
Y ahora es mi turno. Mi turno de volver a empezar. Pero yo voy sin maleta, todo lo que ella me dio ya lo llevo siempre en mi equipaje interior, ya forma parte de mí. Ella ya soy yo. 

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