martes, 2 de abril de 2013

(DES)CONCIERTO

Se apaga la luz de manera gradual para crear un ambiente más íntimo, no es una sala muy grande así que casi parece que estuviésemos en el salón de una casa grande. Cuando los focos iluminan el escenario, aparecen cuatro personas ya colocadas en sus puestos, totalmente tranquilos y con los ojos cerrados: el chico que nos ha ido a buscar a la puerta en el centro frente al micrófono, otro chico de constitución atlética sostiene el bajo, una chica con el pelo morado corto que parece un dibujo manga sostiene las baquetas cruzadas tras la batería y el hermano de Flo acaricia el mástil de su guitarra eléctrica negra y azul.
El novio de Flo hace una presentación del grupo y empiezan a tocar. Pablo se baja del escenario y se acerca a nosotras; a Flo le da un rápido beso en los labios y a mi me abraza.
-¡Cuánto tiempo! -apunta.
-Ya lo sé.
-¡Y qué cambio! Estás muy guapa.
-Muchas gracias.
Él es la persona más sincera que conozco y seguramente piense que estoy guapa, pero ya se sabe que la belleza está en los ojos del que mira.
El grupo empieza a versionar una canción que solía escuchar con Alberto y nos recuerdo tumbados en la cama de su habitación, con las manos entrelazadas en silencio, con los ojos cerrados, por lo menos él cerraba los ojos y yo pensaba... y pienso ahora si de verdad estaba tan enganchada a él con tan poco tiempo. Pero los ojos se me llenan de lágrimas que sé que no voy a poder contener.
-Voy al baño -le digo a Flo sin mirarla-, ahora vengo.
Ella no se ha fijado, pero parece que mi malestar no ha pasa desapercibido para el vocalista porque cuando miro hacia el escenario, él me sigue con sus ojos. Quizás sólo sean las luces o el mareo de la situación, pero juraría que es así. Y en cuanto me encuentro dentro la seguridad que ofrecen los baños en los sitios públicos me pongo a llorar sin remedio: la herida aún está muy reciente. Tras unos minutos de desahogo pienso que es absurdo haber venido para estar así, para amargarle la noche a Flo y a Pablo, así que me seco las lágrimas y me arreglo el poco maquillaje que llevaba y se ha desparramado por mis pómulos dejando chorretones negros y salgo fuera, de nuevo al dolor que sólo la música puede causar y de nuevo bajo la mirada de ese chico arrebatador. Como cuando hay un perro suelto por la calle e instintivamente buscas a su dueño, yo busco a su posible novia: seguro que es una del grupo de guapísimas chicas de la primera fila.
Soy una ilusa al pensar que podría engañar a mi mejor amiga: en cuanto me ve se da cuenta de lo que ha pasado, le dice algo a Pablo al oído y él se va y, en cuanto llego, me abraza con fuerza. Definitivamente no debería haber venido, les he fastidiado la noche y me he metido en un sitio donde cantan canciones que me taladran el alma un poco. Tierra, trágame.
-Me voy a casa, Flo.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Meterte en la cama a llorar?
No puedo contestar a eso.
-No te vas a ir. Te vas a tomar otra copa conmigo y nos lo pasaremos bien. Además, Ace no te quita ojo.
-¿Quién?
-Ace, el cantante.
Por lo menos no estoy loca, no eran imaginaciones mías. Pero si su mirada es algo más que curiosidad, voy a tener que defraudarle, ahora no estoy para chicos. Y no se si es la música o el alcohol que he tomado, pero al acabar el concierto me siento de lo más extraña. Pablo nos viene a buscar y nos lleva al reservado, a la derecha del escenario, donde los componentes del grupo y algún extraño más (cosa que me alivia bastante) están brindando con cava.
El hermano de Flo, Nico, viene corriendo hacia mí cuando me ve y me levanta del suelo con el abrazo que me da. Siempre nos hemos tenido mucho cariño, desde que somos pequeños. Le felicito por el concierto.
-Lo habéis hecho genial, me ha gustado mucho.
Ace se acerca por mi espalda.
-Yo juraría que no te ha entusiasmado.
-Me ha gustado -me defiendo-; alguna canción está en mi lista negra, pero sonáis muy bien.
Y es cierto, la voz de Ace es una maravilla: suave, grave y envolvente. Y los otros tocan muy bien, se nota que ensayan mucho.
Qué imponente es.
Nos sentamos en los sofás, yo estoy entre él y Flo y siento que los ojos del imponente y arrebatados vocalista se clavan en mí y me hace sentir bastante incómoda.
Nico pide al camarero una ronda de chupitos de tequila, los traen servidos con rodajas de limón dentro de los vasitos y el salero se pasa de unos a otros.
-¡Por el grupo! -vitorea Pablo.
Todos levantamos nuestro vasito para brindar, chupamos la sal, el tequila de un trago y mordisco al limón. Suelto aire, está tan fuerte y yo tan poco acostumbrada... Dejo el cristal en la mesa y mordisqueo el limón antes de dejar la cáscara.
-¿Te gusta el sabor? -me dice Ace.
-Al parecer sí -sonrío-. Me lo he tomado, ¿no?
-¿No te quema la garganta?
-Creía que te referías al limón.
-No. Hablaba del tequila.
-Pues es un sabor fuerte... pero me gusta ¿A ti?
Niega con la cabeza y da un trago al cava.
-¿Y por qué lo bebes si no te gusta?
Parece que no esperaba esa pregunta, así que le digo que no tiene por qué contestar. A veces hago preguntas absurdas y ese chico es más raro que un perro verde.
Flo y Pablo se marchan al rato a dar una vuelta para saludar a los de la clase. Me invitan a ir con ellos pero, ya se sabe, tres son multitud. Sin hablar del mareo que me ha dejado el tequila.
Ace me mira con extrañeza, seguramente por no haberme ido con mis dos amigos, por los que estoy aquí. Me siento ridícula. Me estoy levantando para marcharme cuando él me coge del brazo y tira hacia abajo.
-Nadie está pendiente, no te preocupes.
Miro a los otros y tiene razón: la chica del pelo morado está ocupada con el bajista, Nico entretiene a todos con su última anécdota y nadie se ha fijado en que estoy sola excepto Ace.
Le da un trago a la copa que le trae el camarero y me mira para decirme algo.
-¿Fue muy dolorosa la ruptura?
-¿Qué?
-¿Llevabas mucho tiempo con él?
No me lo puedo creer.
-Sí. Te has ido a llorar al baño con una balada de amor, no te he visto sonreír desde que nos han presentado y la descripción que tenía de ti no tiene nada que ver con -enrosca un mechón de mi pelo en su dedo índice- esto, ¿No eras castaña?
Le agarro la muñeca y le aparto la mano de mi pelo. Cojo mis cosas y salgo de ahí corriendo antes de ponerme a llorar otra vez. 
¿De dónde ha salido ese chico?

3 comentarios:

  1. Cuando te encuentras mal, cuando tu alma y tu corazón solo quieren estar solos para descargar tus lagrimas, no es muy recomendable ir a sitios con mucha gente, algo que hacemos todos, no se pq te encuentras peor, pero bueno puede ser que encuentres algo o a alguien que merezca la pena, te esta pasando eso a ti????.
    Cada vez me gustan mas tus relatos, hasta el Martes, estoy deseosa de seguir leyéndote.

    ResponderEliminar
  2. Impresionante el relato, te envuelve y acabas dentro de la historía. me ha encantado. No sé quiñen eres, pero estaré pendiente de la siguiente entrega. Genial

    ResponderEliminar