miércoles, 27 de marzo de 2013

JAQUE MATE

Es viernes y vuelve a nevar, vuelve a hacer un frío horrible y yo en la puerta del metro esperando a que llegue; pero esta vez no voy en tirantes, esta vez tengo un abrigo calentito que me protege de este tiempo siberiano.
Ya han pasado quince minutos desde la hora de quedada, no es muy normal en ella llegar tarde. Giro sobre mí misma para ver si la encuentro entre la gente y mi móvil empieza a sonar.
Es ella.
-¿Sí? -contesto.
-Eres una pesada, llevo esperándote un cuarto de hora ¿Se puede saber dónde te has metido?
-Estoy en la boca de metro, llevo aquí desde y media.
-Pues no te veo. Estoy sentada en el pedestal de la estatua.
El monumento al que hace referencia es en realidad una fuente y está en el borde, con las piernas cruzadas haciendo pompas con el chicle. Es pelirroja, como para no verla.
Voy corriendo hasta ella y no me reconoce hasta que la tengo a medio metro de distancia. Pone los ojos como platos y abre tanto la boca que podría pasar un tren.
-¡No me lo creo! -grita.
La mueca de sorpresa se convierte en una sonrisa de alegría, en una muestra de aprobación.
-Estás guapísima -me da un abrazo de esos que te dejan sin respiración.
-Me alegra que te guste -y yo le devuelvo el abrazo casi con tanta fuerza como el suyo.
-No quiero decir que antes no estuvieses guapa, no me malinterpretes, pero... ¡Qué cambio! ¡Es increíble!
Siento que me sonrojo, no sé aceptar muy bien los piropos (que no se note que no los suelo recibir) y me arde la cara. Tengo que desviar el tema hacia algo que no sea mi aspecto.
-¿Dónde está tu amado?
-Él ya está allí. Le prometió a los del grupo que les echaría un cable para montar el escenario y en las pruebas de sonido. Así que vamos yendo nosotras y les vemos allí.
El sitio está a un par de calles de la boca de metro y nos contamos cosas mientras caminamos con nuestro ritmo de tortuga. Me habla de mis antiguos compañeros, de mis antiguos profesores y, por un momento, me da pena haberme ido. Pero si mi marché es porque la gente de allí era... como la de aquí, al fin y al cabo. Pero no me llevaba especialmente bien con los profesores y estaba más lejos de mi casa que el colegio actual. Supongo que fue una decisión algo precipitada pero no hay vuelta atrás; además solo quedan unos meses para acabar con esto y poder empezar de cero en la universidad, donde seré un número sin ningún tipo de relación con el profesorado  Consejo para mi futuro libro: Mejor malo conocido que bueno por conocer (o algo así decía el refrán).
Cuando me quiero dar cuenta estamos haciendo cola para entrar en el local. Mucha cola; al parecer, tienen unos cuantos fans.
Flo coje el móvil y escribe un mensaje. Yo me quedo mirando el letrero de neón que está sobre la puerta: MI HUMILDE MORADA. Curioso nombre para un local. ¿Dónde vas? A mi humilde morada. ¿Dónde estuviste anoche? En mi humilde morada.
-Vamos -me insta mi amiga.
Bajo el cartel hay un chico que nos hace un gesto con la mirada para que vayamos junto a él. Supongo que es de ese tipo de chicos que te parece arrebatador o no le tocas ni con el palo de una fregona: tiene una media melena morena totalemte despeinada, la nariz puntiaguda y las facciones de la cara bien marcadas, ¿Y los piercings? Dos en el cartílago izquierdo, uno en la ceja y un arito plateado en el labio inferior. Es flaco, no delgado, flaco, con las manos grandes y una pose totalmente dejada. Ropa: vaqueros grises desgatados y rotos, camiseta negra con una estrella morada, zapatillas negras con un cordón blanco y el otro rojo, varias pulseras y un anillo en el dedo índice de la mano derecha. Y todo este escáner en los segundos que hemos tardado en acercarnos a él. De sus ojos no puedo reseñar nada: marrones.
Definitivamente arrebatador. 
-Ella es Alejandra, mi amiga.
-Hola -se acerca a mí y me da un beso en cada mejilla.
No eran exactamente marrones, al menos no el marrón que estoy acostumbrada a ver. Sus ojos, quiero decir.
Nos abrimos paso entre la gente hasta llegar a la barra más cercana al escenario, la zona VIP.
-Id pidiendo una copa, pronto vamos a empezar.
Se despide de Flo y me dirige una mirada a través de las pestañas antes de desaparecer por un pasillo lateral que, supongo, conduce al escenario.
El camarero nos pone un vaso a cada una y nos sentamos en un taburete a esperar. Creo que todavía no he conseguido articular sonido desde que ha aparecido él en la puerta. Respiro hondo y vuelvo poco a poco a la realidad, tengo que estar atenta para poder decidir si me convertiré en otra fan.

2 comentarios:

  1. Estaremos esperando que te ha parecido el concierto, que te dice el corazon....aunque impacientes, tendremos paciencia hasta que llegue el martes.

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  2. ¿ Crees en la primera impresión?

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