Flo me ve entrar con Ace, primero su gesto es casi indescriptible, de absoluta sorpresa, y luego se lanza a saludarme. No entiende qué hacemos juntos.
-Luego te lo cuento -le digo al oído mientras la abrazo.
Nico se acerca a nosotros con la misma cara de sorpresa que su hermana y nos saluda. Luego me acerco a saludar a todos los del grupo mientras mi acompañante y el hermano de Flo se van fuer a hablar.
Mi amiga me da una copa y empieza el interrogatorio.
-¿Cómo os habéis encontrado?
-Veníamos juntos. Hemos ido a ver una exposición de arte de un amigo suyo, ha llamado tu hermano al salir y aquí estamos.
Le cuento cómo ha ido la tarde con él hasta ahora y arruga la nariz, como si le desagradase el asunto.
-¿Qué te pasa? -le digo al terminar de hablar. Me pone muy nerviosa que no me interrumpa con efusividad como hace siempre.
-Nada. No me pasa nada.
Sí que pasa algo, pero no me lo va a decir.
Todos están muy raros, aunque empiezo a pensar que soy yo la que anda del revés. Me da igual, quiero divertirme y pasarlo bien esta noche aunque creo que mi estómago vacío no va a soportar mucho alcohol.
Lo dicho: llevo tres copas y me encuentro fatal, estoy mareada y sólo quiero sentarme.
Ace no aparta su mirada de mí. No sé si estoy sufriendo alucinaciones, si el alcohol me está afectando demasiado o si realmente es cierto, pero me mira serio. Me mira a mí. Y de lo único de lo que estoy segura es de que quiero que me saque de aquí ya y me bese. Le odio por ser tan cínico y tan borde, pero es justo ese aspecto el que dispara mis pulsaciones.
Empiezo a ver borroso, a no poder enfocar los objetos al terminar la cuarta copa. La música está demasiado alta. Mi cabeza va a estallar.
Me ahogo. Me falta el aire. Necesito salir de aquí.
Mis piernas tiemblan como gelatina y siento que me voy a caer de un momento a otro. Todo se apaga y siento cómo unos brazos me cogen y ya no siento el suelo bajo mis pies.
El suelo.
Alguien me está llevando en brazos a través del local y puedo ver cómo todos me miran y se ríen de mí. Estoy sintiéndome totalmente ridícula y cierro los ojos de nuevo, no quiero ver esto. Quiero ver quién me lleva en brazos, aunque me lo puedo imaginar por sus hombros, a los que me intento aferrar, y su colonia, que se cuela en mi cerebro y lo taladra. No sé si sentirme contenta o morirme de una ver de vergüenza.
Algo frío me golpea el pecho y empiezo a tiritar.
Ace está corriendo conmigo en brazos a través de la calle. Sólo noto sus brazos sobre mi cuerpo, sus hombros bajo mis brazos, su respiración agitada y mi respiración entrecortada. De pronto, algo mullido bajo mi espalda. El asiento trasero del coche de Ace.
El motor ruge y, abrazada por el calor de la calefacción, me quedo dormida poco a poco.
si es que el alcohol es muy malo
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