-¿Tienes algo que hacer?
Me pregunta una vez ya estamos dentro del coche, mientras arranca el motor. Claro que tengo cosas que hacer: tengo que acabar bachillerato, estudiar una carrera, tener un perro, viajar mucho, escribir mi libro de autoayuda para chicas con problemas como los míos... Y muy poco tiempo.
-Estudiar.
Tampoco iba a darlo todo en la primera cita, ¿No?
-Entonces te llevo a casa.
-Déjame en la puerta de mi colegio, por favor.
Me mira sin comprender.
-Ya me parece suficiente que sepas dónde estudio. Necesitarás muchas hamburguesas como esa pra saber dónde vivo.
Me explico. A lo mejor sólo es un tipo arrebatadoramente besable, pero a lo mejor es un asesino en serie y no lo saben ni sus mejores amigos.
-¿Quién te ha dicho que quiera saber dónde vives?
Voy a replicar, pero entonces veo... ¡Una sonrisa burlona! ¡Está dibujando una especie de sonrisa con los labios! ¡No es impasible! Por esta vez será mejor que me calle.
De camino, decido saber un poco más de él para estar en igualdad de condiciones; él sabe dónde estudio, me parece lo justo.
-¿Cuántos años tienes?
-Veintidós.
Hago la cuenta de la vieja.
-¿No eres un poco mayor para andar con alguien de mi edad?
-El amor no tiene edad -se está riendo otra vez de mí, en mis narices. -Quizás la pregunta más correcta es qué haces tú subida en el coche de un chico de mi edad o qué hacías en una sala de conciertos donde sólo se le está permitida la entrada a los mayores de edad.
El que no era tecnicista...
-¿Qué estás estudiando?
-Administración y dirección de empresas.
-¿De verdad?
-No. Soy un futuro publicista
-No te pega venderle tu alma al diablo.
Sonríe ¡Otra vez! Y tiene una sonrisa muy bonita.
-¿Qué crees que estudio?
-No sé... Te pega ser abogado. De esos que trabajan para gente importante.
No contesta y me mira de reojo sin borrar la sonrisa. Por favor, que vuelva a su pose cínica, misteriosa y seria.
-¿Qué? ¿Me lo vas a decir?
-Algún día.
Parece que está abierto al juego del interrogatorio, voy a seguir.
-¿Tienes hermanos?
-Una hermana y un hermano. Él es adoptado.
-¿De dónde es?
-Era mi primo.
GAME OVER.
Este es uno de esos momentos que pueden ser muy incómodos, en los que empiezas a caminar sobre arenas movedizas y lo mejor es quedarse quieto y en silencio. Me doy cuenta de que ya estamos en la puerta de mi colegio justo cuando para el coche. Preparo mi reproductor de música antes de salir y me desabrocho el cinturón.
-Bueno, Alejandra... Ha sido interesante
-Gracias por todo, Ace.
Salgo del coche y me giro, me agacho un poco con una sonrisa de oreja a oreja mientras el baja la ventanilla.
-Disculpas aceptadas.
Antes de escuchar sus réplicas me pongo los cascos para ignorarle y salgo corriendo en dirección a mi casa.
Cuando llego, enciendo el móvil y me llega un mensaje de llamadas perdidas de Flo. Quince desde ayer por la tarde hasta hoy por la mañana.
Tras largas deliberaciones, decido contestar a su búsqueda y llamarla a casa.
-¿Sí?
-Te voy a torturar y a matar lentamente para que sufras.
-Ay... Me llamó ayer y me dijo que quería volver a verte. Entiéndeme, como buena amiga tuve que decírselo para acelerar tu proceso de mejora en la ruptura. Un clavo saca otro clavo.
-¡No quiero más clavos!
-¿Tan mal ha ido?
Le cuento todo con minucioso detalle. Ella me escucha y luego se queja porque no me ha besado
-¡Claro que no! He decidido no volver a enamorarme.
-Seguro. Dale una semana y estarás rogando que te pida salir. Aunque... ahora que lo pienso, nunca ha tenido una novia seria desde que le conozco.
-A lo mejor es homosexual.
No, estoy segura de que no.
-No. Me refiero a una relación duradera.
El resto de la conversación versa sobre tonterías de chicas y sobre Pedro.
Cuando termino de hablar con ella, me pongo a estudiar los dos exámenes que tengo para mañana. Menos mal que he sido aplicada y lo he ido cogiendo casi todo al día.
Durante el resto de la semana, al salir de clase, espero como una tonta a que venga buscarme otra vez pero, por lo visto, no le debí caer demasiado bien porque ese bólido negro no aparca en la puerta ni por casualidad.
Así que mis adorables compañeros han empezado a realizar sus conjeturas y teorías: que si sólo fue una tarde de pasión, que si pagué a un actor para intentar quedar bien, que si me pagó él a mí por ciertos servicios... El caso es que soy una fresca lo mires por donde lo mires. Qué pena que me de tan igual.
¡Maldito Ace! Ya podría dignarse a aparecer.
Pienso demasiado en él y eso no me gusta nada de nada. He terminado los exámenes, no tengo expectativas para el fin de semana y no pienso ocupar mi tiempo libre con ese músico misterioso rondándome la cabeza.
Cuando me quedo sola en mi habitación, cojo el cuaderno de dibujo y me pongo a acuarelar un paisaje, siempre me han gustado los bosques en otoño. Se me ocurre la genial idea de ir mañana a un museo justo cuando empieza a sonar mi móvil.
Contesto y al otro lado suena esa voz tan perfecta.
-Nunca le he pedido el número de teléfono a una chica.
-Y yo que me alegro.
La verdad es que mi estómago ha pegado un bote al escuchar su voz.
-Han cancelado el ensayo de mañana, ¿Tenías planes?
Sí, no pensar en ti.
-Tenía pensado ir a un museo.
-Un amigo mío ha montado una exposición de arte alternativo bastante interesante. Si te apetece... No tiene desperdicio.
-Bueno, está bien.
¡¿Esto sí es una cita?!
-Te paso a buscar a las ocho.
-En la puerta de mi colegio.
-Allí nos vemos.
-Hasta mañana.
Según cuelgo, pongo un CD de meditación para concentrarme al máximo. Hay que hacer bien las cosas: me visto con una toga al estilo budista y me cruzo de piernas en la cama. Mientras se consume una barrita de incienso con olor a lavanda me mentalizo, repitiéndome una y otra vez: NO PUEDES VOLVER A ENAMORARTE. Por muy bien que cante, por muy guapo que sea, por mucha sonrisa bonita que tenga, por muy sexy y misterioso que sea... No puede hacerse contigo.
¡¿Pero me estoy oyendo?!
No tendría que haberle dicho que sí, estoy al borde de un ataque de pánico. Me voy a quedar calva desde ahora hasta mañana, parezco un pollito estresado.
Bien, tenemos que hablar.
ResponderEliminar