¡Riiiiin!
¡No! ¡No! ¡Nononononono!
Han llamado a la maldita puerta.
Ace suspira y se levanta del sofá con rapidez. Cuando vuelve, lo hace con tres pizzas, platos y un par de refrescos.
Terminamos de comer casi a las cinco y media de la tarde. Es una apreciación totalmente subjetiva, pero como que la pizza me ha sabido mejor que nunca y pienso que tiene que ver con que la estamos compartiendo.
Espera, espera... Recapitulemos. ¡Me iba a besar! Y yo me iba a dejar...
Claro, el tío malote y borde que quita el hipo con su inusual sonrisa, que no quiere relaciones te pone ojitos y te anulas, Alejandra. Pues no. no va a ser así.
-Va a venir el grupo a las seis y media o así para ensayar un par de canciones nuevas, ¿Te quieres quedar?
-¿Vendrá Flo?
-Seguramente.
-No me hablo con ella.
-Pues así empiezas.
Nos recostamos en el sofá y él me recoge las piernas sobre su regazo y me mira desde arriba.
-¿Quién es el chorraboba?
Creo que no soy la única en esta habitación a la que le fallan las formas. De todos modos....
-Sé que te puso los cuernos, lo mencionaste la noche de la borrachera infernal. Quiero decir...
-¿Si sigo con él? No, definitivamente no.
-¿Vais al mismo colegio?
-A la misma clase.
-Qué cómodo tiene que ser para ambos -comenta con tono sarcástico.
Estás hecho un lince, Ace. ¿Habrás hablado con Flo y tendrás tú ahora la ventaja?
-Si yo fuese él, se me caería la cara de vergüenza -digo casi como si fuese un pensamiento en voz alta.
Él asiente.
Después de charlar un rato más, salimos al jardín trasero: un porche con piscina, que ahora está cubierta, barra de bar y una mesa de hierro forjado. Aún hay nieve amontonándose en algunos rincones. Me acerco al extremo opuesto de la piscina, donde hay un buen montón, y hago una bola. Cuando Ace está de espaldas se la lanzo.
¡Pleno!
-Pero serás...
Él también tenía una preparada entre las manos y me la lanza, pero consigo esquivarla con tanta torpeza que casi me caigo sobre la lona que cubre la piscina. No puedo evitar el ataque de risa que me invade.
Me agacho para hacer otra bola, pero corre hacia mí y me agarra de la cintura.
-¡No! -intento soltarme, pero me tiene bien cogida -¡Me haces cosquillas! ¡Ace!
Me vuelve a dejar en el suelo tras un rato y los dos cogemos aire entre risa y risa. Otra vez, estamos frente a frente, demasiado cerca. Y veo que pone su mano en mi mandíbula ¡Para intentar besarme otra vez!
Tengo que ser fuerte y apartarme de este chico tan...
Puedo notar sus labios, tan flojito como se siente el aleteo de una mariposa. ¿Esa sensación de estar en el momento adecuado y en el lugar adecuado?
Un carraspeo nos interrumpe.
¡Pues yo estaba empezando a saber qué era eso!
-Hola, Clara -Ace se separa de mí por segunda vez en menos de dos horas.
¡Maldita sea!
¡Maldita sea!
La chica del pelo morado se ha quedado muda. Detrás llegan Nico, el bajista y Flo, quien pone los ojos como platos.
Todos nos miran con sorpresa, pero Nico está asesinando a Ace con la mirada.
Flo se acerca a mí.
-Te he estado llamando al móvil toda la tarde.
-No lo llevo encima.
No podemos ser más orgullosas. Es como un pulso por ver quién levanta más alto la barbilla en su indignación.
-¿Qué querías?
-Que te vinieras.
Pero una siempre cede.
No hay que ser un genio para darse cuenta de que a ninguno le hace demasiada ilusión que yo esté ahí. No he hecho nada malo, pero este tipo de cosas se notan, y en esta ocasión la sensación es tan fuerte que creo que en cualquier momento me va a dar las buenas tardes.
-Ya estoy aquí.
-Ya lo veo.
Todos entramos en la casa. Y yo sólo busco un segundo para preguntarle a Ace por el autobús más cercano y poder salir corriendo de aquí, pero ellos se meten en una habitación y nosotras vamos al cuarto de juegos a encargarnos de vigilar a los niños.
Cuando por fin estamos solas, empieza el turno de los disparos:
-¿Tú no tenías que estar con tu madre?
-Terminamos antes de lo previsto. Por eso te había llamado. ¿Tú que haces aquí?
Le cuento que la escuchó, que me ha venido a buscar para llevarme a por el encargo y lo de la urgencia con la niñera.
Y, como siempre, lo terminamos arreglando poco a poco, en nuestra línea.
La niñera vuelve, los del grupo salen del ensayo y vamos todos a tomar unas cervezas cerca del pub donde siempre van. Es bastante más tranquilo, con menos gente y música más relajada.
Ace se levanta de la mesa al rato de empezar con su jarra para pedir algo de picar. Flo y Nico se levantan y van tras él a la barra, dejándome con el bajista (de cuyo nombre no me acuerdo) y Clara.
Él se levanta para ir a saludar a unos amigos que acaban de entrar y Clara se acerca a mí, me ha recordado a una serpiente ese movimiento.
-Así que nuestro Ace se ha encaprichado ahora contigo.
-¿Qué?
¿Y a esta qué más le da mi vida?
-Sí. Te hace pasar veladas encantadoras, tardes divertidas, se porta bien contigo, te lleva a la cama y luego te tira. ¿Ya te ha llevado a su picadero?
¿Cómo? ¿Será cierto? ¿Voy a ser sólo un polvo?
-Veo por esa carita de susto que sí lo ha hecho. ¿Y no se ha deshecho ya de ti?
-Es que no hicimos...
¡¿Pero qué narices tengo que explicarle yo a esta?! ¿Qué pretende?
Se ríe y me recuerda a una hiena.
-Pues ándate con cuidado -bebe un trago de su cerveza. -¿No te ha contado tu amiguita que sólo utiliza a las chicas para el sexo?
-Algo me dijo.
Pero para esta conversación. La mitad de mi cerebro quiere saber cosas de Ace, por muy crueles que sean; la otra mitad me está rogando que me ponga a correr lo más lejos posible.
Va a decir algo, pero se calla al ver venir a todos.
La tensión se puede cortar con cuchillo y tenedor. Ace no me mira ni una sola vez, Flo y Nico intercambian miradas significativas, el bajista y Claudia están fríos el uno con el otro... ¿Qué está pasando? Es como si todos tuviésemos un secreto, como si quisieran decir algo pero por razones de peso se queda dentro. Esto es realmente incómodo. Estoy a punto de hacer la jugarreta de la llamada para salir de ahí, cuando Nico se levanta.
-Creo que será mejor que nos marchemos ya.
Gracias.
Y, como si hubiese sido una orden, todos se levantan y salimos fuera.
Todos se van en el coche del bajista, menos yo que me voy con Ace. Tiene mi caja y una explicación guardadas en el maletero del coche.
Nico le lanza una mirada de advertencia a Ace.
¡¿Qué está pasando?!
¡¿Qué está pasando?!
Hasta llegar al coche no decimos absolutamente nada y durante el trayecto casi ni cruzamos palabras.
Le voy a perder, siento que algo se ha roto entre nosotros. Ahora entiendo eso de tener a alguien al lado y a mil kilómetros a la vez.
Tengo que hacer algo.
-¿Crees en el destino? -digo sin más.
-¿Eh?
-¿Tú crees que existe el destino?
-Depende.
Suficiente. Al menos no ha dicho que no.
-Lo estaba pensando antes y... si nuestros caminos se separasen, el destino volvería a reunirnos en algún momento... Si es como debe ser.
-Puede ser. ¿Por qué hablas como si fuésemos algo más que conocidos?
¡Auch! Eso ha dolido. Sé que no somos una pareja, pero desde luego, con esas palabras ha tirado al traste cualquier tipo de relación que pudiésemos tener.
Voy a vomitar palabras, no lo puedo soportar.
-¡¿Por qué intentaste besarme antes?!
-Fue un error, no tenía las ideas claras.
-Pues casi lo cometes dos veces. ¡¿Me habrías utilizado y me habrías tirado después?
-¡¿Qué?! -da un volantazo.
Aparca en segunda fila.
-Sí -le acuso, -sé cómo tratas a las chicas.
Cállate, Alejandra, pedazo de idiota, vas a estropearlo todo.
-¿Te ha comido Clara la cabeza?
-¿Qué más da quién me haya dicho nada? ¿Es verdad o no?
-No utilizo a las chicas. Si veo que hay una oportunidad la cojo, pero siempre dejo claro que ni llegaré con flores y correré calle abajo gritando mi amor. Siempre dejo claro que será un lío de una noche.
Ahí quería llegar, amigo.
-¿Y por qué a mí no me lo dijiste?
No contesta.
Iba a utilizarme y le da vergüenza reconocerlo. Ahora todo encaja. Él sabía que yo estaba mal por haber roto con mi novio e iba a aprovechar mi debilidad para consolarme y luego dejarme tirada.
¿Cómo no he podido verlo hasta ahora?
Me quito el cinturón (Ace, no dejes que me marche, por favor), cojo mi cartera (aún estamos a tiempo), y salgo del coche (ciérrame el seguro y dime que no quieres que me vaya) y saco la caja del maletero (por favor, sal del coche, dime que estoy equivocada, que soy diferente). Y no dice nada. No hace nada.
Cojo un taxi que pasa justo en ese momento. Hago un grandísimo esfuerzo para no mirar atrás, aunque por dentro esté rogando que salga de ese maldito coche de una vez. Quiero que me bese, que me explique lo que pasa.
Y no pasa nada.
Este taxi no solo me lleva a mí, sino todo lo que podríamos haber sido, todo lo que siento por él y todas mis esperanzas... Y una caja de mil toneladas.
Decidí que no iba a volver a enamorarme, dije que nadie mas entraría en mi vida para destruirla desde dentro. He roto mi promesa y pagaré por ello.
Pero nunca más.
joooooooo,yo soy de finales felices, que voy hacer soy así de simple..., pero esperaremos.
ResponderEliminarY claro que todos los finales son felices, pero es que si no se terminaría la historia y no tendríamos nada que leer antes de irnos a dormir...
ResponderEliminarExcelente, como siempre. ¿Ves que si comento? :D. Estoy cada vez más enganchada, gracias por mostrar aquí un poquito de tu imaginación, de lo que tienes guardado en la cabeza. Me ha encantado, en serio :3
ResponderEliminar@mimiparamore