viernes, 14 de junio de 2013

FORMATO RUPTURA

Bajo al parque a dar un paseo. El atardecer no es tan bonito como el de la playa, pero tiene algo especial. O yo quiero creer que tiene algo especial. Los atardeceres tienen la fea costumbre de entristecerme y soy tan masoca que me sigue encantando contemplar la muerte del sol. Quiero tener a alguien con quien compartir este ocaso... quiero tenerle a él.
¿Qué siento por él? ¿Amor? ¿Odio? ¿Qué es el amor? ¿Qué es el odio? 
No creo que una persona tenga el espacio suficiente en el cuerpo como para poder sentir ambas cosas a la vez. Aunque, con lo rarita que me estoy volviendo, puedo ponerlo en duda. 
En la playa tenía ganas de coger un bate de baseball y jugar a la piñata con su cabeza por querer hablar.
En la habitación de Alberto apareció la imagen de su maldita cara en mi cabeza y una parte de mí deseaba que esa boca fuese otra.
Me lo he pasado muy bien con él. Con sus excentricidades, sus comentarios de mal gusto, su manía de intentar incordiarme...
Sé que hay mil cosas mucho más importantes que Ace, que hay vida después de él... Pero es que todo me da tan igual.
¿Por qué intentó besarme? ¿Por qué no salió del coche a buscarme o me impidió salir? ¿Por qué él? ¡¿Por qué?!


Cuando termina la Semana Santa voy a ver a Flo a su casa. Me abre Nico la puerta y me da un abrazo de esos que te alegran un poco la vida. Ha conseguido calmar un poco a su hermana y me ha allanado bastante el camino para poder volver a estar bien.
Al principio, de camino al restaurante donde vamos a ir a cenar, casi ni me habla. Ella es así: se hace un poco de rogar y luego como si no hubiese pasado nada. Podría ponerme digna, podría decirle que en parte es culpa suya que yo me marchase por haber metido su nariz donde no tenía que meterla. Pero en toda relación, una de las partes tiene que perder el orgullo, tiene que callarse, y en esta me ha tocado a mí.
Pero cuando nos sentamos se le va el enfado de golpe y me empieza a contar que no ha tenido unas malas vacaciones pese a todo; ha conocido a un chico que vive cerca de mi antiguo colegio y han quedado en verse más veces. Me cuenta que han echado a Clara del grupo, pero sin más detalles. 
Después de cenar nos dirigimos a un bar del centro para tomar un mojito.
Pasamos frente a la puerta de un Pub justo cuando un puertas está sacando a un chico agarrado por el cuello de la camisa y otro gorila detrás empujando a otros dos.
Son el bajista, Nico y... Ace.
¡¿Pero por qué?! ¡Hay cinco bares por calle en esta zona y justo tenían que estar por el que pasamos!
Flo corre junto a su hermano y, cuando me acerco, me piden que me quede con Ace mientras intentan calmar al otro chico. Miro a mi acompañante, que tiene el labio hinchado y un hilo de sangre le baja por la comisura. Me mira sin saber qué decir o qué hacer. 
¿El imperturbable Ace sin saber qué hacer?
Decido no sacar mi peor cara y ayudarle, ¿Por qué? Porque soy imbécil. 
Le apoyo contra un coche.
-Quédate aquí un minuto.
Entro en el pub y pido unos hielos y un trapo, pero sólo me dan lo primero. Las servilletas de papel no me sirven... ¡La madre que le parió!
Salgo y me quito la camiseta, quedándome en tirantes. Envuelvo los hielos con mi ropa y lo pongo sobre su maltrecho labio con todo el cuidado que puedo, pero emite un quejido ahogado.
-Lo siento.
Le doy la camiseta para que se encargue él. Mira la sangre y se disculpa.
-No te preocupes, sólo es ropa.
Aunque sea primavera, estoy muerta de frío. Ya estaba destemplada al salir del restaurante porque no había cogido nada de abrigo y ahora en tirantes tirito y mi piel se eriza.
Pone los hielos en mi mano, se quita la chaqueta y la pone sobre mis hombros sin darme tiempo a retroceder.
Vuelve a coger los hielos y los aprieta contra su labio.
Yo sigo helada y me duele la piel. Creo que tengo fiebre.
-Si quieres, podemos ir al coche para que no tengas frío.
-No.
Antes tengo que aclararme. No me veo capaz de estar con él a solas en un espacio cerrado tan reducido y controlar mi desequilibrio emocional.
La herida no para de sangrar, creo que también tiene la lengua herida.
-Deberíamos ir a urgencias, no tiene buena pinta.
-¿Tú crees? -se toca el corte con el índice y se le llena la mano de sangre.
Esperaba una contestación sarcástica o el típico comentario machito de "estoy bien", seguido de devolverme la camiseta. Pero no.
-Sí.
-Pues vamos.
No tendría que haber utilizado el plural para regalarle mi consejo. Al final voy a tener que enfrentarme al coche.
-Espera que voy a decirle a Flo que venga y...
-No. Se han llevado a José lejos.
Saca las llaves. No me había fijado que el coche en el que estamos es el suyo.
Me monto de copiloto y sujeto los hielos cerca de su boca mientras él conduce.
-¿Qué tal tus hermanos?
Pregunto por romper este silencio incómodo, en realidad. Aunque creo que no le vendría mal guardar silencio por la situación de su boca.
-Bien, Nacho quiere verte.
A diferencia de ti. 
-Yo a él también. ¿Y qué tal el grupo?
-Roto. Hemos echado a Clara.
-¿Por qué?
Aquí vienen mis detalles.
-Le ha puesto los cuernos a José.
Así que el bajista se llama José.
Arqueo una ceja y retiro la camiseta de su boca.
-Pues menuda razón más estúpida.
-Para nosotros no lo es. Pero si lo sumas a que casi siempre se saltaba los ensayos y que se ha metido en la cama con los otros tres integrantes...
Vale, quizás sí son suficientes razones.
Vuelvo a colocarle los hielos, vuelvo a estar en silencio.
-Entiendo que lo pases tan mal por el chorraboba. Cuando ella me engañó tenía ganas de morirme, como si la culpa fuese mía. Decidí perdonarla y aún así no quiso volver conmigo. Entró en el grupo por Nico y al poco empezó a salir con José... hasta que se la ha pegado con otro tío de la carrera.
-Pero sigo sin saber por qué te han partido la boca.
-Porque le advertí sobre ella y la verdad siempre duele. Este labio roto es la exteriorización de su dolor, así de destrozado está él por dentro. Clara es una chica que sabe latín: sabe por dónde tiene que llevarte, lo que decirte, lo que hacer, cómo actuar para que te creas único y especial.
-Qué envidia.
-¿Envidia? Es asqueroso.
-Sabe vuestro idioma.
-Ese idioma es universal. De cabrones universales. Da igual quién lo utilice, es despreciable.
Pues yo la envidio. Ojalá supiese qué decir en cada momento para conseguir al chico que tengo al lado.
Definitivamente, no puedo odiarle, no es un sentimiento que me salga sin más.
En el hospital le dicen que, efectivamente, le han partido el labio y que si quiere denunciar al agresor. Qué emocionante, parece un capítulo de una serie de jóvenes problemáticos. Obviamente dice que ha sido un golpe. También tiene un pequeño corte en la punta de la lengua, que es el lugar de donde salía toda la sangre, lo que hacía la escena más escandalosa. 
Le hacen las curas pertinentes y nos vamos.
En el coche estamos callados, sin música. Y no estoy incómoda, no ahora. Aunque tenga mil preguntas que hacerle, aunque quiera gritarle, me da igual. Me basta con que esté aquí.
Llegamos a la puerta de mi casa.
-Gracias por acompañarme al hospital.
-No hay de qué -me quito el cinturón de seguridad.
Abro la puerta y pone su mano sobre la mía. Le miro fijamente.
-¿Te apetece salir el sábado que viene a tomar algo por ahí?
-De acuerdo.
Vamos a intentar retar a la vida, a su predisposición al caos de los puntos suspensivos.





(@justacartoon en twitter, para leer más locuras y desequilibrios.
Gracias por estar al otro lado)

1 comentario:

  1. hoy no quiero decirte nada a ti, Alejandra, hoy quiero decirle a Crisantema que me gusta leerla, que me entretiene, que me deja con la intriga hasta la próxima entrada, que hay frases en sus escritos que me parecen geniales, que..., que adelante, que me gustas.

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