Mis vacaciones están tocando a su fin. Ha sido un mes increíble, justo lo que necesitaba: alejarme de todo, de todos. Y aún así lo primero que haré al aterrizar será llamar a Ace. Sí, sigo con Ace en la cabeza, aunque esta vez es por otro tema. Me dejé el móvil en casa y no he podido recibir o realizar llamadas, incluyendo saber qué ha pasado con Nacho. Es lo único que me ha perturbado mi paz en este norteño viaje... Que algo haya salido mal.
La semana pasada tuve un mal presentimiento y justo empezó a diluviar. Sí, no tiene mucho sentido que busque una relación a una corazonada y que diluvie en este país; pero no había llovido desde que llegamos y fue algo repentino. No sabría explicarlo.
No he querido saber nada de allí, ni en qué carrera me han cogido ni la nota de mi selectividad, ni la universidad a la que voy a ir, ni nada de Flo ni de mis padres, ni de nadie.
De verdad creo que este tipo de vacaciones debería estar pagada por psiquiatras. Curan la cabeza y emborrachan un poco el corazón.
¿Y al volver? ¿Qué? ¿Llamar a Ace? ¿Enfrentarme a que quiera que nos veamos? ¿Enfrentarme a que quiera que no nos veamos nunca más? ¿Y si Nacho está bien? Tendré que verle, se lo prometí. ¿Y si Nacho no está bien? ¿Y si no está? ¿Me llamó Ace?
Dejo el té sobre la mesita del salón y le digo a mi tía que salgo. Cojo una bici que hay apoyada en el cobertizo y empiezo a pedalear sin dirección.
Lo cierto es que la zona de aquí la tengo bastante controlada, no es la primera excursión que hago. Pero hasta ahora no me había agobiado lo suficiente como para llegar tan lejos. No me había agobiado, eso es todo.
Cruzo unos árboles y dejo la bici apoyada contra el tronco de uno de ellos.
Respira, Alejandra, respira hondo.
Ha sido empezar a pensar en todo lo que me espera más allá de este paraíso y descontrolarme. Quizás debería hablar con mis padres para que me manden a estudiar fuera. Olvidar todo. Olvidar a todos.
Siempre estoy huyendo y nunca se a dónde. Nunca sé lo que me espera al final de la carrera. A veces ni siquiera sé de que huyo en realidad.
Estoy agotada. Estoy más que agotada.
Me siento sobre una roca, mirando hacia el mar.
¿Dónde estoy?
Y no hablo de posición geográfica. Hablo de mi vida. Estoy perdida. Camino sola la mayoría del tiempo y cuando alguien me acompaña sólo me tropiezo.
Otro atardecer especial. Otro atardecer en soledad.
¿Así va a ser siempre mi vida? ¿Atardeceres en soledad?
Algo coge mi mano. Otra mano. La misma sensación que ya he sentido antes, hace tiempo quiero decir. Una manita pequeña de tacto suave y cálido.
-Princesa...
¡No puede ser!
Me vuelvo para mirar a ese pequeño que casi tiene sus mofletes reconstruidos, que tiene de nuevo brillo en los ojos.
No sé si me he vuelto loca del todo, seguramente si porque no creo que esté realmente aquí. Pero da igual. Me arrodillo y le abrazo con fuerza. Y me echo a llorar de felicidad; quizás sean lágrimas de locura (no sé si existen), pero no las puedo parar.
-¡Nacho! -Ace aparece entre los árboles y se queda tan en shock como yo.
No es una locura. Están aquí.
Me pongo de pie con Nacho en brazos, no puedo dejar de abrazarle, y me da exactamente igual que me vean llorar. No voy a fingir más.
-¿Qué hacéis vosotros aquí?
-Yo también me alegro de verte, Alejandra.
-Ace me ha traído aquí para celebrar que estoy bueno.
No... Era imposible que supiese que estaba en Escocia; me marché sin avisar, le pedí expresamente a mi madre que no se lo dijese a Flo, es imposible que lo supiese.
Nacho se baja de mis brazos y se acerca a una zona de flores.
Ace coge mi mano. Creo que es la primera vez que tiene un contacto así de directo conmigo. Me mira fijamente.
-Siento no haberme bajado del coche, no haberte impedido subir a ese taxi. Creo que es la mayor estupidez que he cometido en mucho tiempo -y lo suelta así, como si nada. -Nico y Flo me despistaron con lo que querías... Pero yo sí sabía que te quería a ti y tu humor raro y tu enfado casi constante. Tenía miedo, creo... ¡Joder, claro que tenía miedo! Confío muy poco en las personas y me asusta querer empezar algo con alguien, por eso no veo a las chicas más de una vez. Pero tú no eres una de esas chicas, a ti quería verte, quería estar contigo y cantar para que llorases y cabrearte porque me hacía sentir que te importaba, aunque fuese para mal. Quería que sintieses algo que no fuese tristeza.
Bueno, no sé qué decir a esto.
-¿Crees en el destino, Alejandra?
-¡¿Qué?!
-¿No te das cuenta? En la playa, en el hospital, aquí... ¡Aquí! ¡En otro país, casi es otro mundo! ¡¿No crees que esto quiere decir algo?!
Ahora recuerdo la conversación que tuve con él en el coche, la noche del día que terminamos todo: "Lo estaba pensando y si... nuestros caminos se separasen, el destino volvería a reunirnos en algún momento... si es como debe ser."
-Tú misma lo dijiste, Alejandra.
Ya está. Ha roto mis esquemas. No, no los ha roto; ha llegado con un martillo hidráulico y los ha destrozado, los ha reducido a cenizas.
Tira de mí y...
¡Me está besando!
Esto que siento, que no puedo nominar, es lo que debe sentirse cuando te besan los labios correctos. Todo ha desaparecido menos esta sensación, menos este tacto. Y me moriría por este momento.
Siento que se va a separar y me agarro a sus hombros, como un niño que se agarra con fuerza a las sábanas diciendo "cinco minutitos más".
Tresmil pulsaciones más. Por favor. Serán sólo dos segundos.
Y no volveré a ver sola ni un solo atardecer.
¡He aprobado selectividad con notaza! Admitida en Educación Especial en la universidad que quería.
Mi novio (Sí, sí, mi novio) me espera en el aparcamiento del campus, donde voy a aparcar mi nueva moto de segunda mano (no había dinero para más) porque... ¡También soy conductora!
Mi vida POR FIN ha dado ese giro que tanto necesitaba. Parece ser que el equilibrio cósmico decidió meterme en su lista de niños buenos.
¿Sinceramente? No podría escribir mi salva-culos aunque lo intentase durante años. La vida es impredecible, y la mayoría del tiempo una mierda. Pero merece la pena vivirla sólo por los grandes (aunque fugaces) momentos que te sorprenden de vez en cuando. Pero si tuviese que dar un consejo a una chica que se queda en tirantes en la calle mientras nieva, que se pone a llorar delante de desconocidos, que se enamora de la persona menos indicada o que se topa con cajas de cierto tonelaje, le diría: Hazlo lo mejor que puedas.
Fin.
(Espero que hayas disfrutado con esta historia. Una nueva nos espera a la vuelta del verano: Septiembre es tiempo de retomar; Julio y Agosto se hicieron para jugar a las cartas, hacer el amor, salir a pasear y comer helado.
Y, como siempre, gracias por estar al otro lado de mi locura.)
Adoro los finales felices aunque reconozco que este ha sido un poco agridulce...Bravo por Alejandra, pero Crisantema.... ¿HASTA SEPTIEMBRE???? Me conformaré porque nos queda twitter para seguir al otro lado de tu locura, que también es un poco la nuestra.
ResponderEliminarMe ha encantado, ya sabes que soy de finales felices, pero ademas del final me ha gustado todo. lo que menos eso que comentas que hasta septiembre, espero que algún día te caigas por aquí. todos los días abriré este blog con la esperanza de encontrarte. Hasta que vuelvas solo puedo darte las gracias por hacerme pasar unos ratos fenomenales leyéndote. Hasta pronto. (espero)
ResponderEliminarAlgo me decía que leyese lo mas lento este capítulo de la historia para saborearlo, lo he leído tan lento que cuando he visto la palabra fin no me he dado ni cuenta de que estaba con una lagrima. Me ha encantado, al igual que Alejandra me he enamorado de Ace.
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