¡Menuda casa! Es una mansión con un jardín enorme. Sólo el cuarto de las escobas debe de ser como todo nuestro apartamento. Y el jardín... Con bonitas y cuidadas flores que han sobrevivido al invierno y empiezan a saludar a la primavera. Intento no parecer una paleta y cierro la boca de golpe.
Las rejas se abren automáticamente y entramos con el coche hasta el aparcamiento, situado a la izquierda de la casa. Este coche es una basura comparado con el Audi A5 que se queda a mi derecha y el Mini de la izquierda. Los dos perfectamente cuidados, como si acabasen de salir de la fábrica.
Por la puerta principal aparecen una mujer latinoamericana y dos niños: una chica de unos ocho años y un niño de tres o cuatro. Ace sale disparado del coche (¡Hola! ¿Y yo qué hago? ¿Me quedo? ¿Voy? ¿Espero a que el mayordomo asesino me ofrezca un espumoso?), coge a los niños y la mujer se va corriendo.
Respiro hondo. No, no voy a tener la suerte de que ningún mayordomo me envenene. Me quito el cinturón de seguridad y salgo del coche; los tres me miran, estudian mis pasos y sé que el capullo de Ace está disfrutando con mi incomodidad.
-Él es Nacho, ella es Marina.
Sonriente, saludo a la chica. Va a ser una rompecorazones dentro de unos años, tiene el mismo aire que su hermano mayor. Nacho me mira, curioso y divertido y, tras dudar un momento, acaba estirando sus bracitos hacia mí para que le coja. Obviamente le subo y no puedo parar de sonreir ante su preciosa cara: todo ojos y mofletes.
-¿Tú... eres la Princesa Alejandra?
¿Princesa?
Miro a Ace, que se ha puesto rojo como un tomate. ¡Há! ¿A que escuece que te pongan en evidencia?
Marina me mira, callada, no reacciona ante mí. Me da un poquito de miedo que no hable, aunque sea para decir una bordería.
Ace le hace unos gestos con las manos y ella contesta moviendo también sus manos. Están así un rato hasta que caigo en la cuenta de que están hablando en lengua de señas. Marina es sordomuda.
-Dice que está encantada de conocerte y que eres más guapa de lo que ella pensaba.
-Gracias.
Ace traduce la respuesta en un signo.
Marina me mira y sonríe. ¡Por fin!
Estoy a punto de hacer un comentario sobre lo adorable que resulta el hoyuelo que se le forma en el moflete izquierdo cuando pienso que yo habría mandado a la mierda a cualquiera con ese tipo de cumplidos a esa edad.
-Venga, vamos dentro -dice Ace.
Nacho se baja de mis brazos y me da la mano para llevarme dentro de la casa. Como prometían mis expectativas: solo el recibidor es como más de la mitad del piso en el que vivo. Pero no es exactamente como imaginaba: pensaba en alfombras de tigres y osos disecados, sofás de pieles de animales y muebles ampulosos. Pero no, quien haya decorado esto tiene un gusto elegante y exquisito.
Vamos hasta un cuarto de juegos, atravesando el recibidor y el salón (¡Quiero que me saquen a bailar en este salón!). Es como un salón recreativo para niños: hay peluches gigantes, pelotas de varios tamaños, un Scalextric a gran escala, un futbolín y una televisión como una pantalla de cine (Vale, un poco más pequeña). Es el paraíso con el que sueñan todos los niños.
Nacho me lleva hasta un armario y lo abre. No he visto tantas películas juntas en toda mi vida, podría jurar que están todos los títulos estrenados hasta la fecha. Y estoy casi segura de que el orden de colocación es cronológico. Esto apesta a orden de Ace. El pequeño señala con su dedito El Rey León para que yo la coja, está muy alto para él.
-Ehm...
-Sí, sí, cógela -me dice Ace. -Les toca siesta, así que no tardarán mucho tiempo en dormirse.
Nacho le saca la lengua.
Marina coge la película de mis manos y la pone en el DVD, todos nos acomodamos: ella se tumba sobre un oso más alto que yo, Ace se sienta en el sofá frente a la televisión con las piernas cruzadas y yo, con Nacho en brazos, a su lado.
Bajo las previsiones de Ace, su hermano tarda menos de veinte minutos en dormirse. Tiene mi índice y mi pelo entre sus manitas y la cabeza apoyada en mi hombro. Marina tarda un poco más, pero se duerme sobre el oso.
Ace quita el volumen, lo que provoca una reacción de medio segundo en ambos niños, pero vuelven a cerrar los ojos y a seguir con su siesta. Sale de la habitación y vuelve con un par de refrescos y una bolsa de patatas.
-El aperitivo.
Me quita a Nacho de los brazos y lo tumba junto a su hermana, quien le pasa el brazo por encima. Acerca una mesita pintarrajeada para dejar las cosas y me ofrece las patatas.
-He llamado a una pizzería para que traigan la comida.
Con todo, me había olvidado de que había que comer para subsistir. El estómago me ruge y yo, como la tonta que soy, me pongo un cojín encima, como si así fuese a callar mi hambre.
Ace suspira y pone los ojos en blanco, me mete una patata en la boca y luego coge una para él.
Ese tipo de detalles, como darse cuenta de que no he comido, son los que hacen que piense que le gusto.
Capullo...
Me quedo mirando a Nacho, con esa cara de anuncio, abrazado a un patito de peluche y no se me cae la baba de milagro.
-Es un niño superdotado.
-¿Eh? -le he escuchado de lejos.
-Que Nacho es superdotado. Tiene un carácter un poco asocial, no le gusta el contacto con la gente que no conoce.
-Pues menos mal -digo con sarcasmo.
-A ti te conoce por todas las veces que te hemos salvado juntos. La de bestias que habremos matado para sacarte de torres y mazmorras.
-¿Estamos hablando de mi alter-ego de sangre noble?
-No soy muy bueno inventando historias, pero algo tenía que contar cuando me pedían un cuento.
-Con lo bien que te caigo, creo que habría encajado mejor en el papel de bruja malvada.
-Pero entonces el héroe no tendría princesa a la que rescatar.
¡¿Qué me pasa?! Tengo el pulso acelerado y me arde la cara. Intento fijar la vista en sus ojos, pero se me va a sus labios y quiero que me bese. ¿Está especialmente guapo hoy? Lleva una camiseta blanca debajo de una chaqueta azulona. O es que queda poco para la primavera...
¡No! ¡Ni de broma! ¡Ace NO!
Tengo que cambiar de tema, tengo que hablar de cualquier cosa.
-Aún no me has dicho qué estudias.
-¿Y tú? ¿Ya has decidido qué vas a hacer?
-Sí.
-¿Derecho?
-No.
-¿Empresariales?
-No.
-¿Alguna filología?
-Educación especial.
Su cara no tiene precio. No sabría decir si es enfado, disgusto, sorpresa o aprobación. Sea lo que sea, no era lo que esperaba escuchar.
-Quizás te puedan servir mis libros de primero.
-¿Qué?
-Es lo que estoy estudiando yo -le veo mirar a sus hermanos de soslayo y luego a mí de nuevo.
Y juraría que me mira de otra manera, de un modo diferente a cómo me miraba antes. No me refiero a la noche del concierto, creo que esa noche no sabíamos ni cómo reaccionar el uno frente al otro; hablo del resto de ¿citas?.
¡No me lo puedo creer! Yo le gusto... ¡Le gusto a Ace!
Miro a la imagen de la pantalla pero no presto atención a los dibujos, sólo quiero que no vea la vergüenza que me está lijando la cara.
Lo que no puedo entender es que sea tan borde y tan molesto conmigo. Aunque luego tiene detalles que...
-¿Te dijo Flo lo que estudiaba? -me saca de mis cavilaciones.
-No, ni siquiera se lo llegué a preguntar.
Pasan otros minutos de silencio incómodo, de este que no sabes si es mejor romperlo con un martillo hidráulico o con algo de tacto. Y yo me pregunto si él está pensando lo mismo que yo...
-Alejandra.
Me giro y tengo su cara a menos de diez centímetros. ¿Cuándo ha llegado ahí? Le voy a hacer arder con mi temperatura, noto como desprendo calor. Puedo sentir su respiración en mis labios. Está comiendo chicle de menta (Qué sutil).
Y se acerca. ¡Se acerca!
¡VA A BESARME!
Cierro los ojos y...
Nota de (intento de) autora:
No meodies por este final. Tenía que enganchar un poquito y crear intriga.
Un agradecimiento para los que os habéis enganchado a esto, a los que aún estando de Erasmus habéis sacado un par de minutos para compartir mi afición, especialmente a la eslovaca, que siempre ha sido la primerísima en leerse todas mis tonterías. Y gracias a esa desconocida de la red social, con menos de 140 caracteres me has hecho querer seguir la historia con más ganas.
El martes a más tardar sabrás qué ocurre tras los puntos suspensivos
¡Ah! Y puedes comentar los post; te juro que ni cuesta dinero, ni da alergia ni te ocurre nada malo.
Que tengas buen domingo (dentro de que es domingo).
Hasta el martes...???????????????????!!!!!!!!
ResponderEliminar... no fastidies,quiero saber que pasa; espero que me deje con buen sabor de boca, ya sabes que soy muy poco complicada, simplemente hay que terminar siendo feliz.
ResponderEliminarHola!!! Llevo tiempo leyendote, me encontré con tu blog por casualidad, a través de un enlace de Facebook de un colega y me enganche desde el minuto 1. YA TE VALE DEJARNOS CON LA INTRIGA!!!!! Jjjjj No se por qué no te había comentado nunca.... Prisa, pereza,,,pero hoy al ver mi nombre en la historia, me he quedado pillada como siempre que me encuentro mi nombre en los libros que leo.... Y he pensado que no podía dejarlo pasar más. Sólo decirte que me flipa lo que escribes y que estoy enganchada. No lo dejes!!!!!!
ResponderEliminarMarina. Una lectora.